¿Volamos?
Te llaman La Bella Dama, y aciertan, por eso me quedé prendado de tus formas sin apartar la mirada.
No te moviste durante unos segundos, pero estoy seguro de que me veías bien, atenta a si hacía un ejercicio brusco.
Me observarías con el rabillo de tus ojos complejos, y viste que no parecía pretender nada violento.
Luego me enteré de que eres una tremenda voladora, que haces miles de kilómetros tú sola.
Quizá estabas muy cansada y por eso me dejaste acercar.
Ya no te pido que volemos juntos.
No te podría aguantar tu ritmo.

