27.5.26

Sedum con muy poca humedad, en Mianos (Zaragoza)


Es una planta suculenta, adaptada a la pared de una abadía y a su sequedad, creciendo entre grietas, y con una coloración rojiza producida probablemente por el mucho sol, la salinidad, el viento, y sin duda por el estrés hídrico.

Pasa desapercibida como todos nosotros. Ella se aferra a su piedra, intenta sobrevivir incluso en los veranos duros, sabiendo que el sol que le corresponde es solo el de las primeras horas de la mañana.

Mira a su alrededor lo que ve le gusta todavía menos que cuando se observa ella sola. Ya viene junio, y enseguida empezarán a bajar las horas de sol. Pero no el calor.

Una vez le dijeron que se llamaba Sedum, pero eso a ella le importa muy poco. 


Crecer… para nada


Toda una vida creciendo, para nada. Cuando menos te lo esperas, viene una máquina con un sonido atronador y te deja hecho unos zorros, troceado e inválido, para que te vaya secando poco a poco.

Lo curioso es que ni te pregunta ni te avisan. Vienen y se van. Y se te llevan. Luego me han dicho que te trituran, pero eso ya es lo de menos. Esto ya no es vida. Lo siento.