El fin de semana pasado nos dieron Luz de Paz. Es una cosa bonita y entrañable, a la vez que sencilla y tierna.
Esa vela encendida la reparten luego desde Viena en una ceremonia religiosa a grupos de Scouts de toda Europa para que la lleven a sus parroquias y desde allí le entreguen en las casas con enfermos, cárceles, hospitales o personalidades políticas o sociales.
Este año nos ha llegado a mi casa. Es una simple vela que contiene una luz trasmitida desde Belén encendida de mano en mano. Algo tan simbólico puede/debe tener una fuerza increíble en tiempos en que nada vale nada.
No hay que creer especialmente en el sistema, pero si en la idea, en el símbolo de paz de unos chavales que a mejor reparto, es imposible que se dediquen. Entregan Luz eterna, Fe en algo importante en sus mensajes, y le añaden el apellido de Paz.
Viniendo de Oriente y de unos años tan duros para todos sus habitantes, la mayoría no cristianos, tener en casa algo de allí es una bendición.
Tenemos un poco de la Luz que a ellos les alumbra en la Fe de que algo puede mejorar, tenemos un recuerdo que ha viajado miles de kilómetros para repartirse por el mundo de mano en mano, tenemos una excelente idea que no moverá la personalidad de nuestros políticos pero que nos demuestra que todavía se pueden conseguir pequeñas cosas si nos lo proponemos.
Sólo tenemos que ir cambiando la vela cada poco tiempo para que la luz siga viva como las ideas. Deseamos entrar en todos los Años Nuevos con la Luz de Paz de Belén.