14.12.10

El monstruo era pobre; y además no tenía buena cara



Miré hacia arriba y encontré al monstruo, era ojigrande, cuellicorto, larguibrazo, jipatoso.

Era cariñosamente dulce y me sonreía con baba de color avellana, acercándose hacia mi con pasos extraños y lentos.

Creo que intentó decirme algo pero juro que no entendí qué; creo que preguntaba por una calle.

Le miré de arriba abajo, abrí los ojos como si de un conocido se tratara, sonreí levemente y le lancé una moneda al suelo, mientras daba media vuelta.

Era frío como una cerámica.