21.4.26

La Alhóndiga de Bilbao en el año 2150


Podríamos pasearnos por Bilbao, por el edificio de la Alhóndiga, y soñar. Imaginar más bien. Podríamos creer que estamos en otro siglo, que todo se ha ido transformando poco a poco, y que las luces son ya otras.

Podríamos imaginarnos el futuro, pero con más habilidad podríamos hacerlo sobre el pasado. La función de este edificio con más de un siglo de historia fue la de crear una asociación gremial de vinateros para gestionar los arbitriosimpuestos indirectos sobre el vino—. Desde la torre de arbitrios se controlaban las entradas y salidas de vino, asegurando que cada vinatero pagara los impuestos correspondientes.

Si aquellos comerciantes se imaginaran que ahora vamos a ver exposiciones o a escuchar conciertos, a disfrutar de su Arte o a leer libros, alucinarían.

No sabemos qué harán en el 2150 los bilbaínos que paseen por su interior, ni qué usos se le estarán haciendo a sus espacios, a su piscina si sigue existiendo o a sus sótanos. ¿Nos lo imaginamos?

¿Qué pensaría Salvador Dalí, si observara que en ese hipotético 2150, hay algunos iconos suyos tirados por el suelo, a modo de construcción artística?

La naturaleza no tiene enfoque


Naturalmente es natural - 2026 - Zaragoza



20.4.26

Creo en la verticalidad de las ideas, y en la horizontalidad de las decisiones


La verticalidad me pareció fabulosa y me la traje. Una simple piedra gris, sin color, sobre una arena húmeda me produjo un ligero placer. 

Unida esa mirada al contraste insaturado de la piedra, pensé que la inerte no tenía sentido allí, tan cerca del mar.

Era el Cantábrico, era a media mañana antes de la primavera, una playa larga que aquella mañana estaba llena de perros simpáticos que entraban y salían del agua. 

Y la piedra ajena a todo. 

Nosotros no, pues era hermoso ver a los canes y a sus dueños, jugar con lo natural. 

En muy pocos meses aquello sería completamente diferente, eso lo sabemos bien los que hemos vivido junto a la playa.

Yo prefería siempre el invierno, de hecho en agosto huía y dejaba sitio, con mi vivienda vacía, excepto si subían (o bajaban) algunos amigos. 

Lo hermoso de una playa y del mar se da en invierno. Cuando nadie se da cuenta de la belleza natural y tranquila.



Entre los huecos de la vida, cabemos todos


 Bolita de pinchos viejos - 2026 - Zaragoza

14.4.26

Enmarcados en Teruel. Una tercera edad más segura


Con la edad es mucho más sencillo estar enmarcados, pues vamos buscando los lugares seguros. Los bajos de soportales que asemejan el marco de una diapositiva 9x12.

Quedar enmarcados es quedar como encerrados, posiblemente también, para disponer de más seguridad. Esto no siempre lo he entendido. 

Los ancianos nos volvemos más débiles y por eso tenemos mucha más inseguridad, pero a su vez tenemos menos que perder. Podríamos ser más atrevidos. 

Debe ser algo interno, queremos jugar más en nuestra zona de confort, no jugar en equipos ajenos, y mucho menos, alejados de la pared, como les sucede a los animales heridos.

9.4.26

Pictoralismo utilizando la fotografía


Un detalle de la Semana Santa en Teruel, un buen rincón y un instante, un recogimiento sin espectadores y un silencio roto. 

El encuadre, el marco con el arco, hacen casi todo. Suavidad de una tradición y de un punto de vista. Pictoralismo utilizando la fotografía. 

3.4.26

Bajo la tierra, los árboles se abrazan

Pero bajo la tierra, los árboles de nuevo se entienden y se tocan. 

Necesitan abrazarse para saberse seguros, para defenderse de los que los pisan por arriba. 

La vida real de un árbol se da debajo de la tierra, donde no los podemos ver. 

Pero bajo la tierra, los árboles de nuevo se entienden y se tocan.

Necesitan abrazarse para saberse seguros, para defenderse de los que los pisan por arriba. 

La vida real de un árbol se da debajo de la tierra, donde no los podemos controlar.

Sevilla sonando en sus calles la vida flamenca

El flamenco es cante de calle, de cueva, de rincones, de amigos y reuniones. El flamenco es vida y dolor, es alegría y sentimientos, es sobre todo sensaciones. 

El flamenco solo sirve si lo escuchas en directo, para que ese conjunto de arte sonoro y móvil te impregne de lo que nos quiere decir. 

Escuchado enlatado o mirado con la calma del sofá y sin las sensaciones envolviéndote como espectador, pierde casi todo.