27.6.26

Ella se murió sola y descolorida

 

Se fue apagando ella sola, y es cierto que nadie hizo nada por evitarlo. Pero todo sucedió en silencio, a base de capas de pintura que intentaba disfrazar lo inevitable.

Y mientras los colores se caían al suelo, pues se negaban a permanecer por encima de lo que ya no servía para nada.

Hoy, abandonada del todo, ya nadie ni la pinta para disimular. 

Y ella misma está incluso mejor, pues así no tiene que soportar malos olores.

Es la puerta abandonada, esa realidad que nos conjuramos no ver, para no reconocer nuestra incapacidad.