El día que fotografié esta pared se me acercó un guardia de seguridad para ver qué hacia.
¿No sería yo el que primeramente quemé la pared?
No, pero admito que no es habitual ver a un señor mayor, con boina, fotografiando esta marranada.
Hablamos un rato, y creo que no le convencí de nada.
Ni de Arte Fotográfico, ni de blog o internet, ni de mierdas variadas.
Me llevé medio centenar de fotografías de aquel incendio hermoso.
No, no dejó de mirarme el buen mozo, pensando que yo debía ser un imbécil.
Los imbéciles a veces, podemos parecer incluso malos.
