A veces, cuando te encuentras de bruces con un monstruo, lo mejor es sentarte con calma, observarlo y ponerle cara de que no te está produciendo temor.
No se trata de ponerte tan chulo como el contrincante, aunque sea feo de narices, pero sí de demostrarle que no le tienes miedo, y que le puedes mirar a la cara sin reblar.
Y a ser posible quítate los artificios, las gafas del sol, para que vea el tonto de mala cara, que le miras a los ojos sin miedo. Eso impresiona.
