Toda una vida creciendo, para nada.
Cuando menos te lo esperas, viene una máquina con un sonido atronador y te deja hecho unos zorros, troceado e inválido, para que te vayas secando poco a poco.
Lo curioso es que ni te pregunta ni te avisan.
Vienen y se van.
Y se te llevan.
Luego me han dicho que te trituran, pero eso ya es lo de menos.
Esto ya no es vida. Lo siento.
