29.8.25

Era un monstruo de lo más bondadoso. No me mordió

Miré hacia arriba y encontré al monstruo. Era ojigrande, cuellicorto, larguibrazo, espantoso.

Parecía cariñosamente dulce desde su fealdad y me sonreía con baba de color avellana, acercándose hacia mí con pasos extraños y lentos. 

¿Sería un buen ejemplo para engañar y fiarme?

Creo que intentó decirme algo pero juro que no entendí qué. Creo que preguntaba por una calle, vete a saber con qué intenciones.

Le miré de arriba abajo, abrí los ojos como si de un conocido se tratara, sonreí levemente y le lancé una moneda al suelo, mientras daba media vuelta y me iba del lugar.