Estaba tranquilamente sentado en un banco de la plaza junto a la ría de Bilbao, descansando de una mañana completa y de una rodilla cascada, cuando apareció la señora con sus tres acompañantes.
La pillé desprevenida, seguro, posiblemente sin que ni los canes se dieran cuenta de mi disparo. Su gesto era algo forzado, pero es que en ese momento intentaba vapear mirando al frente.
Era joven y posiblemente nacida muy lejos de su zona de paseo. O no, pues la mezcla es ya una realidad muy bien venida.
Yo enseguida entendí que era un buena caza. Que el momento me ayudaba a ver la escena con el convencimiento de que me estaba llevando un buen ejemplar digital.
Salir de caza es maravilloso, cuando no se tiene intención de disparar armas sino captores.
Todavía me pregunto el motivo por el que el perro pequeño va sin atar y los otros dos en cambio van atados. ¿Sólo por el tamaño?
