No se podía cruzar la línea.
Había que quedarse fuera, esperando no se sabe bien qué.
Y la mujer se quedó quieta esperando.
Desde la luz le empezaron a comentar levemente una orden.
Ella hizo como que no quería escuchar nada.
Al final le tuvieron que dar un grito para que no disimulara.
Era la hora de irse.
Y ella pensó que para qué tanta parafernalia.
A veces hay que dar las órdenes de forma un tanto teatral.
