Podríamos estar unidos y sin tocarnos, solo sintiéndonos cerca, escuchándonos, sabiendo que si te necesito te acercarás un poco más hasta cogerme de la mano.
Creo que a eso lo llaman amor, y sí, debe ser eso.
Creo que a eso lo llaman amor, y sí, debe ser eso.
Claro que… para ser peligroso, antes se tiene que secar. Solo el pinchante si ya está muerto. Una curiosidad más de la inmortalidad.
¿Cuántos relatos se podrían hacer con el contenido que se esconde detrás de las ventanas?
A veces no hay que inventarse nada, simplemente observar lo que sucede en la vida.
La literatura copia de la vida.
Y la vida copia de la literatura.
¿Quien fue antes? No sabemos quien se inspiró primero y de quien, pero sí sabemos que seguimos inspirándonos de la vida común, para contar historias comunes.
¿No sería yo el que primeramente quemé la pared?
No, pero admito que no es habitual ver a un señor mayor, con boina, fotografiando esta marranada.
Hablamos un rato, y creo que no le convencí de nada.
Ni de Arte Fotográfico, ni de blog o internet, ni de mierdas variadas.
Me llevé medio centenar de fotografías de aquel incendio hermoso.
No, no dejó de mirarme el buen mozo, pensando que yo debía ser un imbécil.
Los imbéciles a veces, podemos parecer incluso malos.
Podemos soñar que nos adentramos en un edificio, pero que dejamos las orejas fuera, para seguir recibiendo el aire del momento.
Todo es posible en la imaginación.
Por cierto, es Bilbao.
Cree que viene el tren.
Pero lo que viene es el cambio de paisajes.
Espera al tren.
Pero a lo que espera es al futuro.
Mira al horizonte, por donde vendrá el aire.
Y lo que viene es un espacio para moverse.
Ya queda poco, para volverlo a intentar.
Era una mañana cualquiera en un restaurante de comida rápida de Madrid.
De los pocos que permitían a las personas que duermen en la calle, poder entrar a lavarse la cara y a sus necesidades habituales.
A recibir algo de calor de la mañana.
La distancia unida a la soledad indica la procedencia de la imagen del instante.
A veces reciben un café solidario de alguna persona que también desayuna.
En realidad es la pobreza enmascarada en un lugar de diseño.
Es la piel en escamas de un árbol, pero en llegando a cierta edad deja de tener brillo y le van saliendo escamas y manchas. Todo normal.
Vamos de color en color. Y de momento no hemos sabido encontrar la manera de romper estos ciclos, aunque a veces damos miedo por nuestra capacidad de joder la forma natural de repetirnos.
No se trata de ponerte tan chulo como el contrincante, aunque sea feo de narices, pero sí de demostrarle que no le tienes miedo, y que le puedes mirar a la cara sin reblar.
Y a ser posible quítate los artificios, las gafas del sol, para que vea el tonto de mala cara, que le miras a los ojos sin miedo. Eso impresiona.
Ya no se trata de ser un buen pescador, pues la pericia la suples con las aguas revueltas. Así que sin duda, saber elegir el momento de ir a pescar es importante para obtener buenas piezas.
Sea en el río y de pesca, o sea en cualquier otra actividad, estate atentó, pues si todo está muy revuelto, es el momento de aunque seas un torpe, de enganchar una buena pieza de lo que sea.
Da igual el lugar aunque en este caso me lleva a recuerdos de azulejos hermosos. Tal ve por eso, pues representa el contra punto a la belleza habitual, a la fácil, me la traje de vuelta del viaje.
Parece que en un tiempo quiso poner SCK, pero eso no nos dice nada de nada. El 5 señala, y la huella de la placa del Seguro de Incendios nos dice que debió ser un lugar con cierto valor. Ahora quedan las huellas.
Aguanta pues, y no le des todavía un puñetazo, que la pantalla es tuya y resulta muy caro arreglarla.
Yo soy diferente.
Pero no sucede nada extraño. Todos somos diferentes a todos.
Pero además de ser diferente…, yo soy raro.
Yo admito que tengo puntos de vista curiosos, distintos a la mayoría, lo cual no es nada —de entrada— que sea negativo.
Me gusta lo distinto, también algo el surrealismo, y bastante casi todo el Arte, admitiendo que dentro de estos gustos no todo es fácil de contemplar.
Y sobre todo, sé que soy efímero, lo cual es inevitable y una putada, aunque tengo que soportar y admitir que sea la mejor manera de que funcione el mundo.
Disfruto riéndome de mí mismo, y no quiero escuchar ya muchas quejas, pues a la edad que tengo, ni puedo resolver los problemas que no me piden ayuda, ni debo, pues hay que dosificar.
Y aun así, desde ese surrealismo, desde mi edad, desde ya incluso… esa personalidad rara, sigo peleando por cuestiones bastante diversas y casi siempre minoritarias.
Ya os dije que era distinto a la mayoría.
No tengo mucha idea de a quien me parezco. Puede que a mi tío Julio, a mi abuela Julia (de distinta rama ambos, los nombres coinciden por casualidad) y a un tío bisabuelo que ahora no recuerdo su nombre y que en los finales del siglo XIX se dedicaba a escribir libros sobre el futuro.
De aquel hombre del barrio de Casablanca de Zaragoza no quedan restos escritos, creo, y nunca pude hacer nada que no fuera saber que existió, que estuvo en la Guerra de Cuba, que era raro, y que por algún motivo me lo imagino en una ventana escribiendo, mientras contemplaba el Canal Imperial.
Yo no sé si él creía en el Cielo, en todo caso no le habrá servido de nada creer. Pero de estar yo equivocado, de existir ese lugar de reposo tras la muerte, el hombre estará muy jodido sabiendo que un familiar suyo añora sus escritos más de un siglo después, pero todos se tiraron a la basura.
Casi flotando sobre un aire muy húmedo.
Sujetando algo, pues por so está tirante.
Como todos nosotros ahora.
Tirantes y casi violentos.
Consumando el silencio, mientras soñamos en violento.